lunes, 15 de julio de 2013

Comentario del escritor cubano Amir Valle, en la revista Otrolunes

Es una de las novelas más cautivantes e inteligentes que he leído en los últimos tiempos. Una novela diferente. Que entra al género negro para dinamitarlo desde adentro, cosa que logra aunque no parezca fácil en un género donde hay tantos creadores de altísimo nivel que convierten cada una de sus obras en un experimento de ruptura de los moldes que hace ya mucho tiempo no son los cuartones estancos que muchos creen. Una novela que ancla su ruptura en los personajes y desde esos personajes va proponiendo una reconstrucción de las claves más usuales de esta modalidad narrativa: la violencia, la intriga, el buceo en la bestia que la especie humana esconde. Una novela que no va a dejar tranquilo al lector ni un instante, obligándolo a convertirse en cómplice y gestor de la trama.


en: http://otrolunes.com/28/otrolunes-conversa/todo-lo-que-leo-o-hago-en-la-vida-academica-como-en-la-privada-tiene-relacion-con-mi-vida-creativa/

jueves, 4 de octubre de 2012

Ricardo Sumalavia: “Corremos el riesgo de pensar que los violentos siempre serán los demás”

Entrevista de  | 23/09/2012


Nos gusta conversar con Ricardo Sumalavia (Lima 1968) tanto como nos gusta abrir cofres ocultos. No resulta fácil dar con un autor tandescontaminado, tan concentrado en afrontar el sencillo reto de mejorar su obra, tan ajeno a nada más. Ricardo Sumalavia nos ha enriquecido como maestro, desde las aulas ubicuas de su taller virtual La Cueva, y como escritor, a través de libros de cuentos y microficción (Habitaciones en 1993, Retratos familiares en 2001, Enciclopedia mínimaen 2004, La ofrenda en 2011) y novela (Que la tierra te sea leve en 2008). Ahora acaba de publicar Mientras huya el cuerpo, una obra audaz en la que quedan consignadas todas sus experiencias, tanto las autobiográficas como las intelectuales, que dieron lugar al alumbramiento de un sencillo relato policíaco.
Merece la pena esforzarse para conseguir esta novela, a pesar de que hasta hoy, lamentablemente, solo ha sido publicada en Perú. Sin embargo esperamos que pronto se encuentre en los anaqueles de todas las librerías del mundo, dada la gran valoración que ha recibido por parte de la crítica.
P: Casi todos los libros surgen de una necesidad, pero Mientras huya el cuerpo parece brotar de una pulsión absolutamente violenta. ¿Qué la motivó?
R: Luego de varias entrevistas en las que contesté esta pregunta, creí tener la respuesta definitiva. Antes hablaba principalmente de la génesis de escritura de la novela, ya que es lo más a mano en la memoria. Es decir: decía que esta novela tuvo su origen en un cuento policial, y en su escritura había descubierto otras pulsiones internas que bien se podían conectar con todo lo que había escrito antes.
Esto es cierto, pero ahora podría agregar que esta novela nace también de la necesidad de hallar una voz que creía no tener. Me explico: los autores siempre hablamos de voces internas en la escritura, voces que nos dan el tono narrativo necesario para continuar. Pero,  ¿qué pasa cuando crees que esta voz simplemente ha desaparecido en ti? Obviamente comienzas a hacerte muchas preguntas y a probar muchas salidas al bloqueo. En ese momento, al toparme con un cuento policial que consideré mediocre, creo que apareció la llave para reencontrar mi voz. A partir de allí fue tirar de todos los hilos.
P: ¿Sientes que has tenido éxito en la búsqueda de esa voz?
R: Pues creo que sí, dado que pude decir lo que por mucho tiempo me venía obsesionando.
P: Así que esta novela ha sido una suerte de reinvención.
R: Claro, cuando escribo un libro siempre tengo la impresión de haber agotado todas mis posibilidades. Por lo tanto, hay que empezar de nuevo. Pero es solo una impresión, porque en la relectura o revisión de mis libros, encuentro constantes.
P: Se diría que eres bastante duro contigo mismo, es decir, que tu literatura surge de poner en duda tu capacidad.
R: Digamos que parte de las inseguridades que, pienso, tiene todo escritor en mayor o menor medida. En mi caso, las dudas me atormentan con regularidad. Por suerte, creo, puedo avanzar con ello.
P: Una prueba de esto es que eligieras un relato que, como has dicho más arriba, considerabas flojo. ¿Por qué precisamente ese relato?
R: En general yo no soy de los que abandonan sus manuscritos. Yo los guardo, los releo, y los utilizo cuando llega el momento. Ese cuento no iba a tener mayor fortuna en un libro de cuentos mío. Y lo digo porque mis otros cuentos van por otro camino formal y hasta temático. Cuando lo releí, sin embargo, a pesar de tanta diferencia, pude rastrear esas constantes de las que te hablaba. Claro, había que hurgar un poco más adentro, más allá de lo policial, para darle sentido y unirlo a todo mi universo narrativo. Todo esto le dio carta de origen.
P: Una de esas constantes de las que hablas, a mi entender, es esa estructura peculiar que casi parece una compilación de microtextos. Después de tanto tiempo especializado en el microrrelato, parece que también lo has reinventado como una gran herramienta para formar novelas
R: Lo que pasa es que soy muy disperso en mi vida. Una época me interesé a rabiar en el policial. Otra época en las literaturas orientales. Otra en la microficción. De pronto, al momento de escribir y pensar en mis motivaciones de escritura, todo esto se entremezcló. Aparecía de manera condensada, sintética, en estos textos breves. Al ser yo de esta manera, y al querer escribir un libro en el que me mostrase como soy, la dispersión y la brevedad se convirtieron en herramientas de escritura. Claro, el oficio, el  tiempo, te ayuda en algo.
P: De hecho, el yo es muy importante en esta obra. Buscas el porqué de la creación de un relato, que es lo mismo que preguntarse por qué uno era como era en aquel preciso momento en que lo escribió. Y respondes con una serie de experiencias y conocimientos adquiridos que al mismo tiempo conforman esas microhistorias que, entrelazadas, dan lugar a la novela. Pero, ¿qué criterio empleaste para seleccionar cada uno de esos fragmentos? ¿Tuviste que sondearte muy a fondo?
R: Al principio no hubo un criterio muy claro. Tenía ejes narrativos: Casque d’Or, Beckett, la peruana asesinada en Madrid, mis suegros, etc. Y todo fue apareciendo de  una manera caótica. El motivo del cuchillo me traía una imagen tras otra. Después, a las imágenes se sumaron la reflexión y mis conocimientos teóricos previos. No quise que todo quedara en planos subjetivos ni tampoco irme al extremo de lo teórico. En ese punto, mi experiencia con la microficción me fue muy útil.
P: ¿Qué tal resultó el proceso? ¿Doloroso, agotador, o, por el contrario, placentero y paliativo?
R: Fue todo lo que enumeras. Fue duro hablar de la muerte del hermano de mi esposa. No sabía cómo abordar este tema sin sentir que me aprovechaba de ello. Por suerte, creo, pude entrar bien finalmente. Lo de Casque d’Or me causó mucho placer. Encontraba datos por todos lados.
P: Es un personaje muy interesante.
R: El hermano de mi esposa es un personaje fantasmal. Intenso. Tanto Casque d’Or como la joven peruana acuchillada también podrían ser fantasmales. Ahora que lo pienso, hasta yo, en esta ficción, soy fantasmal.
P: ¿Tu familia te apoyó en los fragmentos complicados? ¿Tu suegra, que está implicada tanto por la muerte de tu cuñado como por la descripción de Apolinario, su pareja?
R: En realidad ellos no tenían idea de que estaba escribiendo esta novela. Toda la información la he recibido a lo largo de muchos años. Una vez que empecé a escribir sobre Apolinario, solo tuve que echar mano a todas esas anécdotas referidas por él de una manera muy natural. En mi familia, como en la de mi esposa, contar anécdotas, historias de este tipo, es algo muy común. Cada mañana, incluso, al momento de tomar el desayuno, casi todos cuentan los sueños que han tenido. Lo hacemos para divertirnos, pero también  para exorcizarlos, en caso  de que sean malos sueños. Al contarlos, ya no se cumplen.
P: La violencia que vivió tu país en la década de los ochenta está muy presente en el libro, como una huella que se ha quedado impresa en todos los personajes
R: Lo ocurrido en el Perú transcurre en un momento en el que, por un lado, la mayoría de jóvenes de la capital crecen en medio de las caídas de las ideologías,  de los líderes, de los partidos, etc. Y por otro, en las zonas andinas, muchos jóvenes -universitarios y campesinos- se aferraron a unas ideas revolucionarias desfasadas y sangrientas. Esto, claro, no era sorprendente, en un medio caracterizado por su identidad fragmentada. Desde hace poco se pueden ver las cosas con mayor claridad, a la distancia. En muchos casos, recién asumir esa violencia, y qué rol jugó uno en ella. Eso me interesó.
P: Hay un capítulo autobiográfico muy revelador en el que, en un autobús de Burdeos, descubres en ti a un potencial agresor.
R: En potencia, somos capaces de todo, de hacer las cosas más terribles. Y en esa capítulo breve hablé de la violencia porque hurgaba en mí, porque quería saber o intuir lo que tuvo que pasar mucha gente en mi país durante aquellos años. Porque si suponemos que somos capaces de controlar todos nuestros impulsos, corremos el riesgo de pensar que los violentos siempre serán los demás. Y así podríamos creernos jueces.

jueves, 6 de septiembre de 2012

Más que un policial





En Mientras huya el cuerpo de Ricardo Sumalavia pesa una renovación en el manejo de los referentes desde la tradición de la novela policial para hacerse de un mayor sentido de lo real, a fin de atender lo verosímil desde un punto de vista muy original. En esta novela no interesa particularmente la sucesión de hechos ni la resolución del conflicto del supuesto protagonista (Apolo), que ha sido dejado a su suerte ante la “presencia” de retratos familiares y estampitas católicas.
La preocupación creativa de Sumalavia se dirige hacia otros intereses relacionados con la expresividad, en los que la narración cede espacio a la reflexión, gracias a una arquitectura de la transparencia, como el uso de paredes, techos y pisos de cristal. Así, cada acción subrepticia no solo es expuesta sino que se convierte en motivo de cavilación, para terminar enlucida en las columnas de la historia. Este paso de la luz de un lado a otro le confiere al personaje Apolo —pero no a su original Apolinario— una relevancia transversal que refulge en varias meditaciones a lo largo del libro.
Por otra parte, el autor desmonta el aparato de la novela policial para examinar como detective literario las huellas en los argumentos y las pistas en la configuración de los personajes, y como investigador de sombras ficcionales los rastros en las acciones tanto involuntarias como deliberadas. Sumalavia no se detiene ante el afán de mostrar, de dejar ver más allá de lo permitido, pero sin desatender el principio estético de la sugerencia, de lo que esconde el iceberg bajo el agua, de la dosificación de datos para mantener la intriga, de guardarse un as bajo la manga para mostrar la carta decisoria en la jugada final, siguiendo hasta cierto punto la plantilla de estereotipos y lugares comunes de las novelas policiales.
Sumalavia con una prosa elegante, ponderada y aguda avanza y retrocede, pero es paradójicamente en este afán por volver atrás, de adelantar en reversa, donde consigue enfrentar “sin dudas ni murmuraciones” lo físico.

José Donayre

En Suplemento Variedades del diario El Peruano

lunes, 3 de septiembre de 2012

Reseña en Buensalvaje


Mientras huya el cuerpo

Ricardo Sumalavia (Lima, 1968) Estruendomudo 120 páginas 25 soles




Novela. Ricardo Sumalavia incursiona con acierto en la idea de procedimiento como motor creativo. Antes que idear un relato con planteamiento, nudo y desenlace, ha creado un modo particular de producir ficciones que hace irrelevante el paso del tiempo. Se trata de un metapolicial: un relato policial comentado desde determinados capítulos por la voz del narrador que explica cómo se le ocurrió la idea del relato. Este trata del quehacer del detective privado Apolo, un licenciado de la PNP al final del fujimorismo, que arriesga su vida cuando revisa un crimen pasional.
La voz del narrador que explica anécdotas vinculadas a la invención del personaje y, eventualmente, alguna teoría sobre la novela policial es más compleja e interesante. Implica referir la relación lateral, pero no por eso menos desconcertante, que ha tenido el narrador con la violencia de Estado. Se acumulan las anécdotas sobre Apolinario, el marido de su suegra y retirado de la policía, un personaje enigmático y opaco, rodeado de los signos de la violencia y de la muerte con los que, según se nota, guarda una indiferencia doméstica. También accedemos a la crónica de la vida de la prostituta y actriz de circo francesa Casque d’Ore. En cada caso, Sumalavia añade la reflexión sobre cómo el deceso convierte a un hombre muerto en un objeto absurdo, ajeno a la sensibilidad de lo humano. La tortura de una mujer inocente, intercalada en el texto con el rótulo de «Sesión» y un número, resuena en este punto como cima de lo inhumano. Como resultado, la experiencia de violencia política, de principio distante, se manifiesta abrumadoramente sensible. Sumalavia delinea la tarea de su narrador: recuperar, a partir de los objetos de los muertos, la capacidad de contar historias que convoquen su memoria. También hace una afirmación harto discutible: la culpa de la violencia atañe a la comunidad entera que la tolera. Sin duda, levantará las iras de quienes distinguen entre culpa y responsabilidad.
Muy recomendable.

Por Alexis Iparraguirre.

En la revista Buensalvaje, n°1, 2012.

miércoles, 1 de agosto de 2012

Por fin, Ricardo Sumalavia puede descansar.


Mientras huya el cuerpo: Ricardo Sumalavia




Editorial Estruendo Mudo, 2012.
120 págs.

¿Cuántos libros caben en poco más de cien páginas? Ricardo Sumalavia (Lima, 1968) demuestra que muchos. Y no, no me refiero a su estupenda colección de microrrelatos (Habitaciones, 1996), género en el que destaca, sino a su nueva… ¿novela? En fin: a su nuevo artefacto,Mientras huya el cuerpo.
El germen de Mientras huya el cuerpobrotó en la mente del autor en verano de 1986. No era más que un cuento de género negro clásico destinado a un certamen literario. Su protagonista, Apolo, un policía retirado del servicio en tiempos de Fujimori. Sin embargo, actualmente, en 2012 Mientras huya el cuerpo ha crecido, ha atravesado una peculiar adolescencia, se ha hecho adulto.
Lo que ahora tenemos entre manos comienza, sí, con el mismo inocente cuento policíaco. Pero, una vez que el cuento concluye, da lugar a otro texto más complejo e inclasificable. ¿La historia del proceso de escritura del mismo relato? No, algo mucho más ambicioso: la historia de cómo se generó tal relato en la mente del autor.
¿Qué hechos ha tenido que vivir Ricardo Sumalavia para que Ricardo Sumalavia acabe por convertirse en el Ricardo Sumalavia que firma el relato titulado Mientras huya el cuerpo? ¿Qué obras ha digerido, qué noticias han quedado grabadas en su mente, qué experiencias le han narrado las personas cercanas a él…? ¿Por qué Ricardo Sumalavia decide escribir un relato de género negro, bañado de violencia esquiva y velado por una atmósfera inquietante, en lugar de escribir, yo qué sé, El viento en los sauces? ¿Por qué hablar de muertes y no del cultivo del tulipán, de la burbuja inmobiliaria o del surf en la Baja California?
Las respuestas a estas preguntas generan, asimismo, historias con entidad propia. Y estas, a su vez, conforman un apasionante mosaico de difícil descripción. Es,Mientras huya el cuerpo, una novela negra, sí. Pero también es un texto metaliterario. Es un libro autobiográfico. Es un tratado sobre cómo escribir novela policíaca. Es una crónica del Perú del postfujimorismo. Es literatura del yo aplicada al ello. Es un ensayo sobre la atracción por la violencia, el crimen y el miedo. Es un profundo viaje introspectivo. Es una antología de anécdotas. Es una selección de noticias de crónica negra… Lo que tienen en común todos estas cajas chinas dentro de cajas chinas es la acechanza de la muerte, siempre sobrevolando los planos superiores de la narración.
Una de las preocupaciones constantes en esta narración es qué hacer con las pertenencias de los muertos. Hay quienes dejan todo intacto, los que seleccionan y desechan el resto, los que definitivamente no desean ni un solo objeto que haya pertenecido al difunto -¿Tendría que llamarlo aquí occiso?-”
La noche durante la cual buscaban el cuerpo de mi cuñado, mi suegra colocó sobre la mesa central de su casa la camiseta que su hijo utilizó ese día, un retrato de él y una vela encendida en cada esquina. Los demás familiares, además de rezar, de cuando en cuando extendían sus dedos para posarlos sobre la camiseta.”
A través de este viaje alucinante al corazón de la poiesis, Sumalavia nos presenta a su suegro Apolinario, quien inspiró el personaje de Apolo. Conocemos a un curandero eremita que vive en la selva con su libro de pócimas y remedios. Descubrimos la belleza circense y las malas artes de Casque D’Or. Asistimos a accidentes trágicos, a situaciones de amenaza, a agresiones contra obras de arte, a ineludibles influencias literarias, a todo hecho o circunstancia o recuerdo, a todo fragmento vital que Sumalavia ha podido compilar en su memoria tras identificarlo como cómplice del delito de haber creado Mientras huya el cuerpo.
No soy capaz de atribuir la violencia de este Apolo a su modelo Apolinario; pero tampoco puedo descartarla. Como muchos otros, no creo que haya podido eludir durante los años ochenta y noventa ser testigo, sino partícipe, de los abusos y crímenes que predominaron en las fuerzas armadas y policiales. Sería absurdo negarlo. ¿Cuánto de ese Apolo tuvo Apolinario? Eso no lo podré saber.”
Cada uno de esos fragmentos da lugar a una trama tan inquietante, tan potente y magnética como la de cualquier ficción. Aquí la causa siempre resulta más poderosa que el efecto. Y la veracidad de la misma acentúa su poder: encoge el estómago, acogota el alma.
A la mañana siguiente, mi suegra y Apolinario nos acompañaron durante la comida. Me costó tocar el tema de los hombres y la grabación y la presencia de mi amigo en todo esto. Sin embargo, antes de terminar de narrar lo sucedido, Apolinario río y luego me dijo:
—Todos ustedes están limpios. Quédate tranquilo.”
Mientras huya el cuerpo demuestra que es posible ser víctima de un crimen que no se ha sufrido ni presenciado. Basta con dejarse conmover por la historia de dicho crimen y poseer un demonio interior que la sujete entre ambas manos y no la deje salir de nuestra cabeza. La clave reside en conocer qué forma toman tales demonios obnubilados una vez que nuestras células los metabolizan.
Un buen día, Ricardo Sumalavia escribió un relato. Y éste le persiguió durante años. Ahora, con la publicación de Mientras huya el cuerpo, uno diría que ese demonio se desvanece para siempre en su espíritu. Por fin, Apolo se libera de las ataduras que le retienen sujeto a una silla de madera. Por fin, Ricardo Sumalavia puede descansar.
“Pues lo dicho me lleva a la desestabilizadora conclusión de que cuando escribo sobre mí, lo que hago es hablar de otro; al menos de ese otro que se construye y que no se manifiesta más que en la escritura. Un otro hecho de palabras quien bien puede llevar mi nombre. Quizás un fragmento de sólo Dios sabe qué, albergado a mi pesar. De ese otro que podría ser mi compañero o mi verdugo.”

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